Crítica de cine: Gracias por fumar

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 GRACIAS POR FUMAR (Jason Reitman)

Discursos y palabras

Que el fumar es perjudicial para la salud es a esta altura de las circunstancias una verdad de Perogrullo. Pero… ¿quién instaló esta idea? ¿Con qué conocimiento y autoridad? ¿Quién dijo que si fumo me voy a morir antes de tiempo? Palabras más o menos similares a éstas se escuchan de la boca de Nick Naylor (Aaron Eckhart) en “Gracias por fumar”, la opera prima de Jason Reitman.

Nick es realmente un anti-héroe, un lobbysta que defiende a las tabacaleras en ámbitos públicos y privados contra detractores y “enemigos del cigarrillo”. Un tipo que con su mejor sonrisa y cara de ángel da vuelta discursos y teorías científicas volviéndolas en contra de su emisor. Lo que se dice un mal bicho. Los personajes que aparecen a su alrededor tampoco parecen ser mucho mejores. Hay, entre otros, un senador oportunista que busca desbancar a las tabacaleras en beneficio propio (William H. Macy), una periodista capaz de acostarse con sus entrevistados con tal de sacarles confesiones “off the record” que luego verán la luz (Katie Holmes), un ejecutivo de Hollywood que a cambio de unos dólares hará que nuevamente fumar en la gran pantalla no sea un pecado y hasta el célebre vaquero de los avisos de Marlboro tentado para no confesar públicamente su enfermedad provocada por el tabaco (Sam Elliott).

Esta sátira va más allá del tema del uso del cigarrillo en la vida cotidiana de las personas y busca apuntar a diferentes moldes y discursos a los que apelamos cuando necesitamos defender o criticar tal o cual idea. Hasta el discurso de Nick puede parecernos en un momento bastante lógico y atendible. Reitman apunta lógicamente a esto. ¿Acaso Hitchcock no decía que a los malvados tenían que  ser simpáticos y entradores para que sus víctimas no desconfiaran de él? La historia también coloca un personaje clave, el pequeño hijo de Nick, que en diferentes momentos presencia el accionar de su padre, “aprendiendo” de él. Nick está convencido de lo que hace, o por lo menos lo justifica porque “hay que pagar la hipoteca”. La búsqueda por parte del director de situarnos del lado de un personaje tan siniestro (y tan humano al mismo tiempo) logra el efecto de incomodarnos y molestar nuestras conciencias.

En general las sátiras americanas no me convencen por su trazo grueso o sus ideas no del todo claras. Hace unos años “Mentiras que matan”, una película con guión de David Mamet logró atraparme e incluso gustar. Gracias por fumar es un tanto despareja, pero vale la pena acercarse para utilizarla como disparador y reflexionar sobre los discursos que armamos o escuchamos día tras día en diferentes ámbitos de nuestra vida.

Sergio Zadunaisky

Crítica de cine: Pequeña Miss Sunshine

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“Un auténtico fracasado no es quel que no gana. Un auténtico fracasado es alguien que tiene tanto miedo a no ganar que ni siquiera lo intenta”. (Frase del personaje del abuelo, interpretado por Alan Arkin).

El otro día hablaba en mi curso de cine sobre Luis Buñuel de “Susana“, una película escondida del director aragonés en su etapa mexicana. La historia de una joven que con sus actitudes de femme fatal socava la moral tradicional y cristiana de un puritano hogar de familia, es un ejemplo de cómo un personaje “negativo” termina ganándose la simpatía del espectador, ya que con sus actitudes no hace más que desnudar la hipocresía y el doble discurso de los que se dicen defensores de la fe y la castidad.

Los Hoover, una familia que se las trae

En Pequeña Miss Sunshine, ocurre algo parecido. Aquí no es un solo personaje sino una familia la que no encaja con los moldes de lo que se entiende como un grupo familiar “clásico”. Richard (Gregg Kinnear) es un padre que vive obsesionado con el éxito. Ha escrito un libro de autoayuda sobre los “nueve pasos para llegar al éxito”, pero no consigue un editor para publicarlo, por lo que se convierte en un típico “looser” que no tiene en su horizonte perspectivas de progreso y crecimiento dentro del  standard social. Sheryl, su mujer (Toni Colette) es una abnegada ama de casa que intenta llevar adelante su casa y sus dos hijos, Olive y Dwayne. Olive es una niña de 7 años, ligeramente obesa que sueña con ganar un concurso de belleza infantil (con el nombre que da título a la película). Su hermano es un ferviente lector de Nietzsche que lleva varios meses sin hablar, en un arbitrario voto de silencio que prometió romper cuando ingrese en la escuela de la fuerza aérea. El retrato coral se completa con el abuelo (Alan Arkin), un hedonista empedernido que aconseja a su nieto acostarse con la mayor cantidad de mujeres posible. Su adicción a drogas duras provocó que lo alejaran de la pensión donde se alojaba y ahora vive con su hijo y la familia de éste. A estos personajes se agrega Frank, hermano de Sheryl, un profesor especialista en Proust que por insinuar sus tendencias homosexuales a un alumno fue expulsado del lugar donde enseñaba y luego de eso intentó suicidarse, por supuesto sin éxito.

Una postal del viaje por la América profunda

La historia es una road movie bastante accidentada para sus protagonistas, que marcará un antes y un después para todos los personajes. El motivo para emprender el viaje es el concurso de belleza para niñas “Little Miss Sunshine”, una competencia en donde cada una de las participantes debe demostrar su talento para expresarse artísticamente (¿recuerdan los nefastos momentos protagonizados por los niños en los programas de Tinelli y Susana Giménez, por citar dos ejemplos?). Adoctrinada por su abuelo, Olive demostrará con su pequeño show que el (infame) concurso sobre el que ha puesto sus expectativas no debería admitir niños que se parecen demasiado a personas adultas y que su lugar en la sociedad no es precisamente aquél donde muchos padres depositan sus expectativas para ver brillar a sus hijos.

La película respira con un humor desopilante y con gratificantes momentos de ternura y distanciamiento paródico. Pequeños apuntes sobre algunos comportamientos sociales (el policía que perdona una multa a cambio de llevarse unas revistas eróticas es un ejemplo) hacen que esta peculiar familia y su inolvidable Volkswagen amarilla se inscriban dentro de lo mejorcito que hemos visto en cine este año. Sin alardes ni pretensiones de gran cine, con una dirección ajustada, actuaciones muy buenas y parejas, además de una banda de sonido muy recomendable. Para no dejarla pasar.

Sergio Zadunaisky

 

Crítica de cine: Mi otro yo (Francis Veber, 2006)

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MI OTRO YO

La doublure

Francia, 2006

Dirección: Francis Veber

Guión: Francis Veber

Intérpretes: Gad Elmaleh, Alice Taglioni, Daniel Auteuil, Kristin Scott Thomas, Richard Berry, Virginie Ledoyen, Dany Boon

En Francia también se consiguen 

Pensaba que este año al no ir a ver Bañeros 3, la ¿película? de Rodolfo Ledo estaba exento de caer en el cine “popular” más desaliñado e impresentable. Me equivoqué. Cuando empezó Mi otro yo, no habían pasado ni cinco minutos que Daniel Auteueil y Kristin Scott Thomas, dos actores de primera línea, me hacían acordar a Emilio Disi y Luisa Kuliok representando esos personajes del cine argentino más berreta. La historia que cuenta esta película es simple: Levasseur (Auteuil), un empresario multimillonario, es pescado in fragantti con su amante, una top model (Alice Taglioni). Para zafar del escrache y evitar el divorcio de Christine (Kristin Scott Thomas), dueña del 60% de la empresa que dirige, busca a un transeúnte que casualmente se coló en la foto, para hacerlo pasar como pareja de la modelo. Este muchacho, bastante feo por cierto, es un ciudadano común llamado Francois Pignon (el artista en ascenso Gad Elmaleh) y acaba de ser rechazado por Elena (Virginie Ledoyen), la chica de la que está locamente enamorado. A cambio de una suma de dinero con la que podrá ayudar a su amada y tal vez conquistarla finalmente, Francois acepta una propuesta del empresario para fingir que es pareja de la escultural modelo (con la complicidad de ésta también y a cambio de una fuerte suma de dinero, con promesas de un divorcio prolijo y seguro).

Gad Elmaleh y Alice Taglioni en la deslucida comedia de Veber

Cine insulso 

Veber hacía reír legítimamente con Hay un tonto en mi casa (1998) y El placard (2000), dos comedias divertidas y medianamente interesantes. Aquí no para de recurrir a los caminos más transitados, el chico feo de buen corazón, la amante ambiciosa, la esposa vengativa, el empresario patético de doble vida, entre otros tantos. La moralina que desprende el filme huele a rancia y retrógrada. Hasta los mecanismos de la comedia aparecen como forzados o faltos de la dinámica necesaria. Mi otro yo es una película desvergonzada en el peor sentido de la palabra.

Sergio Zadunaisky

Se estrena el 5 de octubre 

Link para ver el trailer: http://www.ladoublure-lefilm.com/ 

Películas relacionadas: Cualquiera de la saga de Los bañeros más locos del mundo.

Crítica de cine: El viento que acaricia el prado (Ken Loach, 2006)

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EL VIENTO QUE ACARICIA EL PRADO

The wind that shakes the Barley

Alemania – Italia – Francia – España – Irlanda – Inglaterra, 2006

Dirección: Ken Loach

Guión: Paul Laverty

Intérpretes: Cillian Murphy, Pádraic Delaney, Liam Cunningham, Orla Fitzgerald.

“Mi visión del mundo no ha cambiado. Siempre fui socialista y lo sigo siendo. En cambio, la situación de Gran Bretaña ha cambiado notablemente. La desocupación se ha desarrollado de una manera que era impensable hace unos veinte años o más. Lo que es grave, es que el desempleo tiene consecuencias muy graves entre los jóvenes. Los jóvenes de clases sociales más modestas están convirtiéndose en una subclase. No se puede ni siquiera hablar de proletariado en un sentido tradicional. Están completamente marginados, privados de la coherencia social que les da un empleo. Además, tienen una educación absolutamente insuficiente. Esto da gente alienada, cínica, desesperada y muchos de ellos han perdido toda esperanza; otros, por el contrario, están dispuestos a salvarse no importa a qué precio, ni por qué medios” (Ken Loach)

El triunfo del modelo capitalista

En la década de los ochenta, los gobiernos de Ronald Reagan en los Estados Unidos y de Margaret Tatcher en Inglaterra, marcaron un grave retroceso en políticas de salud, trabajo y cultura, ampliando la brecha de desigualdad social entre ricos y pobres. Privatizaciones, reducción de personal en las empresas, leyes laborales más ventajosas para los empresarios, desatención en centros de salud del Estado, se instalaron rápidamente en aquellos países y poco tiempo más tarde, llegaron como una enfermedad irreversible a otras latitudes (incluido nuestro país, por supuesto, en los noventa). Por si fuera poco, la agresiva política exterior de las dos potencias privilegió aun más la inversión de presupuesto en armamento y tecnología bélica. El cine inglés de los ochenta y comienzos de los noventa, encabezado entre otros por Stephen Frears (1941) y Ken Loach (1936), comenzó a reflejar su malestar e irritación por este estado de las cosas. Ambos directores se habían desempeñado en la década del ´60 y ´70 en la televisión británica, realizando telefilmes entre los cuales se destacó “Cathy come home” (Ken Loach, 1966), la cruda historia de una chica que por falta de recursos perdía su casa, su marido y la tenencia de sus hijos en manos de la seguridad social. La estética documentalista insertada en un film de ficción, produjo un gran impacto en la sociedad, tanto que a raíz de su emisión, se creó en Londres una casa de caridad llamada “Shelter”, especialmente para atender casos como el de la protagonista de la película.

Arriba, Ken Loach en filmación

Del lado de los perdedores

Si Stephen Frears es un realizador versátil y con amplios recursos para encarar sus proyectos, Loach es un poco más limitado que su coetáneo. El constante deterioro de la clase trabajadora es uno de sus grandes temas y lo ha encarado en varios de sus filmes, entre los que se destacan Riff Raff (1990) y, en menor medida, Como caídos del cielo (1993). En estas dos películas, Loach se coloca del lado de los perdedores, individuos que han ido perdiendo espacio y entidad en una sociedad que los margina y desprestigia.

El viento que acaricia el prado se inscribe en la fase más “política” del autor (en realidad, ¿qué filme de Loach no lo es?), acercándose a la que quizás sea su mejor película hasta el momento, Tierra y libertad, el retrato de la batalla encarnizada de los socialistas, anarquistas y comunistas contra Franco en la Guerra Civil Española. El viento que… habla con sobriedad y rigor sobre la lucha independentista irlandesa contra el gobierno inglés que los regía desde el siglo XII. Estamos en 1920 y los irlandeses reciben un trato brutal y despiadado por parte de sus colonizadores. Comienza a gestarse un foco de resistencia, que de a poco va creciendo. Allí se destacan dos hermanos, Damián y Teddy. El primero es un estudiante de medicina a punto de irse a Londres a realizar sus prácticas, pero que viendo la desesperante situación de sus compatriotas decide quedarse a pelear. El segundo, Teddy, es un líder nato, un hombre decidido que será incluso capaz de matar a sus seres más queridos convencido por sus ideas de que está haciéndole un bien a su país. La película muestra cómo cambios políticos, macro-sociales (la engañosa “paz” inglesa) , influyen en la vida de las personas y sus relaciones, no solo entre estos dos personajes, sino sobre los que los rodean. Amigos que de la noche a la mañana ya no lo son, parientes acusados de traición por ponerse de un bando u otro. Y tal como los ingleses querían, todo el tejido social de solidaridad y objetivos mutuos se resquebraja.  

Una escena de El viento qe acaricia el prado

Un premio político

No creo que estemos ante un gran filme, a pesar de la Palma de Oro que recibió en el prestigioso festival de Cannes este año, lo que sí creo es que estamos ante una historia que tiene una actualidad enorme (se toca, sin ir más lejos, con la realidad vivida hoy por el pueblo irakí ante la presencia indeseada de los Estados Unidos en su territorio). Cuando salí del cine, recordé que hace poco más de diez años había visto una película que me impresionó mucho, Underground (1995), de Emir Kusturica. Esta también había ganado la Palma de Oro con un tema que nos mostraba la fratricida lucha entre serbios y bosnios en la ex Yugoslavia. En los dos casos el premio fue más político que artístico, pero sentí en Kusturica una vibración, una emoción que en Loach no pude encontrar.

Sergio Zadunaisky 

Trailer del film: http://www.thewindthatshakesthebarley.co.uk/ 

Se estrena en la Argentina el 5 de octubre en las siguientes salas de la Capital Federal:

Hoyts Abasto – Village Recoleta – Cinemark Palermo – Village Caballito – Atlas Santa Fe – Patio Bullrich – Cinemark Caballito – Multiplex Belgrano – General Paz – Arteplex Belgrano – Showcase Belgrano – Cinema Devoto

Duración

127 min.

Calificación

Sólo Apta Para Mayores de 16 años  

 

Link sobre el film en la web del festival de Cannes: http://www.festival-cannes.fr/films/fiche_film.php?langue=6002&id_film=4336504

Filmes relacionados con el tema de la independencia de Irlanda, “El precio de la libertad” (Neil Jordan, 1996). Si se te ocurre algún otro, podés enviarlo en este mismo post.

Incautos (Miguel Bardem, 2004)

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LADRÓN QUE ROBA A LADRÓN…

Incautos (Miguel Bardem) 

Estamos ante una película “cebolla”, de esas con varias capas superpuestas. Plagada de vueltas de tuerca, esta historia de estafadores nos hace recordar inmediatamente a otras películas como “Casa de juegos” (David Mamet), “Los sospechosos de siempre” (Bryan Singer) y “Nueve reinas” (Fabián Bielinsky). Estos filmes nos muestran que la codicia humana es infinita y que cuando la recompensa es grande, es difícil resistirse a la tentación. Sobre todo si el “incauto” no se entera del timo hasta que nada puede hacer para repararlo.

Para ser un estafador hay que tener una preparación digna del conservatorio de arte dramático. Armar la “puesta en escena” para engatusar a la víctima (puede ser una oficina fantasma totalmente amueblada para la ocasión o una simple tarima con tres cartas de baraja y un hábil manipulador), estudiar el “papel” para actuar, influir y convencer y muy importante, poseer más información que el otro, saber dosificarla y retacearla (manejar la estructura dramática de los acontecimientos). El actor principal es, como en los casos de cámara sorpresa televisivas, una persona (ó más) incauta, vulnerable, generalmente víctima de sus propias flaquezas. Otra cosa que no debe subestimar el estafador es que la suerte esté de su lado y tener la suficiente cintura y habilidad para sortear las diferentes situaciones que se van presentando, algunas de manera imprevista.

Ernesto (Ernesto Alterio) aprendió sobre la mentira desde pequeño. Su padre lo dejó en una escuela de curas prometiéndole volver sin jamás hacerlo. Ante una situación peligrosa, Ernesto descubrió también que fingir un desmayo no sólo lo sacaba del apuro, sino que le granjeaba la compasión de los curas que lo tutelaban. El “gitano” fue su primer compañero de correrías y estafas, pero pronto nuestro héroe conocerá al “Manco” (Manuel Alexandre), uno de los más veteranos ladrones de guante blanco del hampa. La cadena de estafadores prosiguirá con Federico (Federico Luppi) y continará con Pilar (Victoria Abril). Hasta allí los “actores” principales, los dueños (o supuestos dueños) del juego.

El guión de una película con una historia de estas características debe funcionar como un reloj, manteniendo permanentemente en vilo la credibilidad del espectador sobre las acciones y reacciones de los personajes. El filme de Bardem lo consigue, solo con algunos altibajos, durante todo el metraje. Ernesto será el encargado de guiarnos en su recorrida, aunque terminando la película casi no sepamos qué quiere con su vida o cuáles son sus sueños. Federico,  viejo sabio que se las sabe todas, solo flaquearé ante Pilar, una femme fatal al mejor estilo del cine negro, codiciosa y manipuladora, provocativa y sensual. El Manco, es un viejito al que le gusta más tomar unas copas de alcohol que pensar en vaciar bolsillos y carteras.

Lo que vemos aquí, es que el mayor enemigo para un timador, es otro timador. Por eso la planificación de un juego grupal encuentra inconvenientes, mentiras, desmentidas, muertes dudosas, sangre arificial y valijas que en vez de dinero contienen papel picado. No es de las mejores películas sobre el tema, pero se deja ver con interés y  algo de encanto. ¿O no es bueno estar, aunque sea por una vez, del lado del timador?

Sergio Zadunaisky

Incautos se estrena el 5 de octubre. (Se estrenó finalmente el 12 de octubre)

Página oficial del film: http://www.incautos.fox.es/ 

A partir de esta crítica, y siempre que me parezca oportuno, recomendaré otras películas que de una u otra maneran se encuentran relacionadas con la reseñada. Estos son los títulos que tienen que ver con “Los incautos”:

Casa de juegos (David Mamet), Prisionero del peligro (David Mamet), El último golpe (David Mamet), El cuentero (Federico Fellini), Los sospechosos de siempre (Bryan Singer), Nueve reinas (Fabián Bielinsky), Pickpocket (Robert Bresson).

Podés ampliar esta lista enviando otros títulos que se ocurran. 

 

Los suicidas (Juan Villegas)

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LUGAR COMÚN, LA MUERTE

Los suicidas (Juan Villegas, 2005)

El suicidio es la manera radical de cortar con una situación insoportable, desesperante. Daniel (Daniel Hendler) es un periodista al que le ordenan investigar la muerte de un tipo del que no se sabe nada. Quizás se haya suicidado, quizás no. El que sí se suicidó fue el padre de Daniel el día que éste cumplía cinco años. Otros miembros de su familia también transitaron en distintos momentos de su vida el mismo camino. Daniel comenzará a indagar sobre los suicidas y sus conductas y poder así echar un poco de luz sobre su propia historia. Como si se tratase de una enfermedad, el relato plantea dos cuestiones centrales sobre el tema del suicidio: ¿tiene un patrón genético ó se “contagia” de un suicida a un ser que no lo es?).

Daniel vive con su madre y su vida amorosa es poco comprometida. En realidad, su vida afectiva lo es. Él no sabe lo que quiere, ni a quién querer. Está en pareja pero no se lo ve convencido en ese papel. Se cruzará circunstancialmente con otras mujeres hasta que finalmente una, la menos pensada, le atraiga sobre el resto.

La película de Villegas no estiliza las situaciones ni busca romper la mimesis con nuestra realidad cotidiana (una de las mejores muestras de ello es la utilización de los diálogos), aunque en algunos momentos ciertas imágenes desarmen este código (sobre todo en la última escena del filme). Basada en una obra literaria de Antonio di Benedetto, Los suicidas esconde más de lo que muestra. Lamentablemente, un comienzo sugerente y atractivo va perdiendo fuerza a medida que avanza la historia. Y recién será el final el que nos haga repensar el filme nuevamente, prestando atención a otras cosas, otros detalles, otros personajes.

Sergio Zadunaisky

Nota: Este filme se estrena en la Argentina el 5 de octubre.

 

Crítica de cine: La novia siria

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“”Cada cineasta alimenta la esperanza de que su filme aportará un poco más de comprensión, un poco más de compasión, un poco más de tolerancia o, en lo que concierne al Medio Oriente, un poco más de paciencia. Es con ese espíritu que hice La novia siria, inspirándome en el amor.  (…) El amor de las mujeres que luchan por preservar su lugar en el mundo, el amor de aquéllos que continúan soñando y esperando, aquí, del otro lado de la frontera, en todas partes.” (Eran Riklis, director de La novia siria).

Con títulos como La boda de mi mejor amigo, Novia Fugitiva, Cuatro bodas y un funeral, El casamiento de Muriel, La boda y Mi gran casamiento griego, entre otros, las películas sobre bodas y casamientos configuran de por sí todo un género. La novia siria (2004), el film del israelí Eran Riklis, llega para agregarse al pelotón, aunque se diferencia del resto y se acerca más a filmes como Domicilio privado (Private ) por su mirada al conflicto en Medio Oriente.

Aquí el personaje de la novia no es el más importante ya que el director arma un retrato coral tomando a su familia como eje. La acción ocurre en los Altos del Golan, una de las zonas más conflictivas del planeta, ocupada por el ejército israelí desde 1967. Los sirios que quedaron, llamados ahora Drusos, ya no tienen nacionalidad (de hecho en el pasaporte israelí que poseen, al no ser judíos, aparecen con “nacionalidad indefinida”) Allí Mona vive el día de su casamiento con pesar y dolor: por una imposición familiar debe desposarse con una estrella siria de la televisión a quién no conoce, traspasar la frontera hacia Siria y no volver a ver más a los suyos.

Por características propias de su cultura, cada miembro de la familia sobrelleva una carga que lo condiciona o limita, en lo personal y en lo afectivo. Mona es un casi un objeto (son reiterados los momentos en que los que la rodean la dejan sola) que no posee decisión propia casi hasta el final de la película. De sus hermanos, Amal es una figura que sobresale por el resto. Casada sin haberlo elegido, se encuentra en un momento de crisis en su vida, no quiere a su marido y espera una beca que le permita ir a estudiar a una universidad en Israel y escapar así de su encierro. Hattem, en cambio, vuelve a Drusia luego de ocho años de ausencia (destierro en realidad, ya que para quien vive en el Golam casarse con alguien de otra religión equivale a una traición), con su mujer rusa y un hijo pequeño. Marwam es un típico “hombre de mundo” que se dedica a coleccionar mujeres en diferentes lugares y vender desde automóviles a perfumes importados. Hammed, el padre de todos ellos, es un activista pro-sirio con libertad condicional, con una expresa prohibición de concurrir al casamiento de su hija en la frontera.

La película, por momentos discursiva, gana en intensidad cuando recurre a los silencios, las miradas y los pequeños gestos de sus personajes. Y nos acerca a una cultura con otras costumbres y comportamientos. No estamos frente a una típica “for-export movie”, pintoresca y colorida. Estamos ante un film que entrega humor y sensibilidad en el contexto de una lucha político-religiosa milenaria, demostrando que en actos concretos de la vida cotidiana aparecen las situaciones más absurdas y disparatadas (ver la secuencia en la frontera, con la pobre chica de Naciones Unidas utilizada como correo político – familiar), que hay pueblos sometidos por razones que ya ni sus habitantes recuerdan o conocen y que la burocracia y las reglas sociales pueden servir para ordenar a una sociedad, pero que también la limitan y la asfixian.

Página oficial del film: http://www.syrianbride.com/english.html

Crítica de cine: Manderlay (Lars Von Trier)

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MANDERLAY (IDEM, Dinamarca, Suecia, Francia, Holanda, Inglaterra, Alemania – 2005)

DIRECCION: LARS VON TRIER

INTERPRETES: BRYCE DALLAS HOWARD, ISAACH DE BANKOLE, DANNY GLOVER, WILLEM DAFOE, LAUREN BACALL, CLOË SEVIGNY

Manderlay vuelve sobre la estética y los temas utilizados en Dogville, la primera parte de la trilogía sobre los Estados Unidos (país al que nunca visitó) creada por el danés Lars Von Trier (puesta en escena teatral con influencias Brechtianas, la voz de un narrador omnisciente, las miserias humanas, el castigo y el perdón, la inútil lucha por revertir conductas humillantes).

Para los que vieron Dogville y se encontraron con la apuesta a un cine que desafiaba las convenciones clásicas del manejo del espacio y el sonido, hallarán en esta película la repetición de una fórmula que ya no sorprende. Von Trier, el creador del celebérrimo “Dogma 95″ junto a Thomas Vinterberg (La celebración, Dear Wendy), es un realizador con el ego demasiado inflado. Sus propuestas estéticas rozan por momentos la genialidad (su film “Europa” es un ejemplo) ó cansan por su caprichosa ejecución (el abusivo uso de la cámara en mano en “Contra viento y marea”). Gran manipulador que no elude los golpes más bajos (“Bailarina en la oscuridad”), Lars Von Trier seduce pero también repele. En Manderlay ocurre lo segundo, porque la puesta artificialmente teatral no se justifica, la historia baja línea de manera maniquea y simplista y porque su mirada sobre el tema del racismo es confusa y ambigüa.

Washington (sin la h) sería la tercera parte que resta filmar. Parece que aun ni siquiera está en los planes de su realizador la etapa de preproducción. ¿Será un destello de autoconciencia para cambiar nuevamente de rumbo? Al camaleónico danés puede que aun le resten muchos trajes por usar.

Sergio Zadunaisky

Crítica de cine: La marcha de los pingüinos (Luc Jacquet)

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LA MARCHA DE LOS PINGÜINOS

La Marche de L´empereur - Francia, 2005

Dirección: Luc Jacquet

Guión: Luc Jacquet y Michel Fessler

Intérpretes: Morgan Freeman (Narrador).

“Quedan pocas imágenes libres. Todo está ya construido. Las imágenes son casi imposibles. (…) Busco plantas que no existen y paisajes que se sueñan. A menudo, por supuesto, esto entraña riesgos que yo no dejaría de aceptar. Ya no es fácil encontrar imágenes puras y transparentes en este planeta.” (Werner Herzog)

Estamos ante un documental, no hay dudas de ello, pero la ficción también se cuela por algunas grietas de esta opera prima del francés Luc Jacquet. Tenemos una clásica historia con comienzo, medio y fin, ya que la película nos narra uno de los ciclos vitales en la época de apareamiento de los pingüinos emperadores. Y éstos, además, son antropomorfizados en un rasgo que los convierte en personajes con emociones y sensibilidad humanas.

Hace siglos que los pingüinos Emperador, los más grandes de su especie, llevan a cabo en la Antártida una peregrinación de más de cien kilómetros hasta un lugar específico, en donde se aparearán para tener a sus crías. Allí soportarán ráfagas de viento fortísimas, hambre y sed, todo en pos del cuidado de sus huevos (cada pareja puede engendrar sólo uno por apareamiento). Primero serán los padres los que , sin moverse de donde están, deban sostenerlos sobre sus patas para que no se muera la cría antes de tiempo al entrar en contacto con el piso helado, mientras las hembras vuelven a su lugar de origen para alimentarse y recuperar el peso perdido durante la gestación. Luego se invertirán los roles y más adelante, deberán las crías solas ocuparse de sí mismas, para repetir el ciclo de sus padres unos años después. Estamos en presencia de una aventura digna de las arriesgadas expediciones del cineasta alemán Werner Herzog ó del pionero documentalista Robert Flaherty y también, por qué no, cercana a la del célebre Lawrence de Arabia en su extenuante peregrinaje por el desierto.

Cuando me encargaron, a principios de año hacer una nota sobre esta película, pensé que se trataba de una broma de los editores. Pero luego de verla, comprendí que no era un filme del montón. Y más al leer acerca de los comentarios y las reacciones que había suscitado en otras partes del mundo. Se convirtió en el segundo documental más visto en los Estados Unidos luego de Bowling for Columbine, de Michael Moore (ahora que ganó un Oscar quizás lo haya superado) y se había convertido en la bandera de los sectores más conservadores y ortodoxos de la iglesia, que la exhibían como la comprobación perfecta de la existencia de Dios en el mundo y de un plan “inteligente” creado por el mismo para sus criaturas. Una refutación a la teoría Darwiniana sobre la evolución de las especies, en dónde se resaltan la valoración de la monogamia, la familia, el amor y la perseverancia . Algo parecido a lo que había ocurrido poco tiempo atrás con La Pasión de Cristo, el polémico filme de Mel Gibson. Y es que si en ambas películas se tocan, es en el tema del sufrimiento como condición ineludible para alcanzar un bien sagrado (la salvación humana en el caso de la cinta de Gibson y la preservación de la especie en la película de Jacquet). Algunos otros creen ver en la sacrificada marcha pingüinesca un acto estúpido, sin sentido. ¿Para qué tanto dolor? ¿Por qué tanto sacrificio?

Inalterables al paso del tiempo, los pingüinos continúan con su marcha año tras año. Ahora el hombre se les ha acercado, para retratarlos y armar un espectáculo con ellos. La voz de Morgan Freeman (narrador en la versión sin doblar), mantiene una cadencia envolvente. Estamos ante una película que atrapa y fascina, sin dudas. Quizás porque vemos en aquellos pingüinos rasgos casi humanos. Fuera de discusiones filosóficas o teológicas, más que interesantes por supuesto, recomendamos la visión de una película que nos acerca quizás las ultimas imágenes “puras” que quedan en el planeta Tierra.

Crítica aparecida en la revista Leer Cine.

Críticas de cine: El señor de la guerra (Andrew Niccol)

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EL SEÑOR DE LA GUERRA

Lord of war

USA, 2005

Dirección: Andrew Niccol

Guión: Andrew Niccol

Intérpretes: Nicholas Cage, Bridget Moynahan, Jared Leto, Shake Tukhmanyan, Ethan Howke, Ian Holm.

“Hay alrededor de 550 millones de armas circulando en el mundo. Lo que da la cuenta de una cada doce personas. La pregunta es: ¿Cómo hacer para armar a los otros once?” (Yuri Orlov).

El tráfico de armas es uno de los negocios más rentables del mundo. Miles de ellas son enviadas a diario a diferentes puntos del planeta. Hay grandes proveedores, como los Estados Unidos, China, Rusia y Francia (miembros también del Consejo de Seguridad de la ONU). Y hay pequeños vendedores independientes, entrepreneurs como Yuri Orlov (Nicholas Cage), un padre de familia que comercializa con déspotas y dictadores de varias latitudes todo tipo de armas de fuego.

“Las armas nucleares son nada comparado con esto”, dice en un momento uno de los personajes refiriéndose a un fusil de asalto. “Miles de personas mueren a manos de estas armas todos los días”, completa. A Yuri esto parece no importarle demasiado, él piensa que si deja su lugar cualquier otro lo ocupará y que además no sabría hacer otra cosa mejor que esa. Su ética termina en donde comienza la culata de un fusil. La vida lujosa y acomodada que lleva en Nueva York no tiene nada que ver con las matanzas entre tribus rivales en algún lugar de África o con las luchas fraticidas entre bosnios y serbios en la ex Yugoslavia. Pasaportes falsos, barcos repletos de armamento camuflados como simples buques de carga, coartadas inverosímiles para escapar de las garras de un agente de INTERPOL más persistente que un perro de caza, son algunas de las máscaras adoptadas por Yuri para sobrevivir y poder continuar con sus negocios. Su esposa tampoco sabe (o no desea saber) demasiado. Y su hermano lo acompaña hasta que debe abandonar por su adicción a la cocaína.

Lord of war es una sátira que contiene un material interesante entre manos, pero lo desperdicia con un guión que va perdiendo consistencia  y rigor a medida que avanza el metraje. Y si el cine es siempre representación y no es la realidad, Andrew Niccol (director de Gattaca y guionista de The Truman Show, entre otras) fuerza los hilos de la historia hasta quebrar su propio código de verosimilitud, en pos de un “mensaje”, una bajada de línea que apuntaría a la condena moral sobre un personaje que para vivir comercia en definitiva con la vida de sus semejantes. Pero la idea no queda del todo clara. Recientemente, Soldado anónimo, el filme de Sam Mendes, jugaba con las mismas herramientas hablando de un tema muy cercano, el de la primera Guerra del Golfo, pero la línea divisoria entre la mirada sarcástica, la crítica y la exaltación patriótica embellecida con una estética estilizada, conspiraban contra los propósitos del realizador. Una película de más reciente estreno en nuestra cartelera, Caché (Escondido), del alemán Michael Haneke, nos habla de la violencia de una manera más directa y eficaz.

El veloz ascenso de Yuri en los negocios armamentísticos gracias al fin de la Guerra Fría y su posterior y brutal caída con cargo de conciencia incluido, no dejan en nosotros una idea clara de lo que se quiere contar y qué se quiere decir con ello. Superficialidad, efectismo y seguramente buenas intenciones (que mal dirigidas suelen ser las peores) hacen de esta película una de las más pretenciosas y menos logradas en lo que va del año.


Crítica escrita para la revista Leer Cine.

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