Crítica de “Amor sin escalas”
Amor sin escalas (Up in the air, Jason Reitman, 2009)
La vida tomada como un no lugar
Un “no-lugar” es un término arquitectónico creado por Marc Augé para designar esos lugares en donde no hay identidad, ni vínculos directos entre el que lo ocupa y el lugar mismo. Un espacio donde se es anónimo, donde nada afecta al individuo.
Según Marc Augé, “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. La sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son lugares antropológicos y que no integran los lugares antiguos: [lugares de memoria].”
En su escrito: Sobremodernidad. Del mundo de hoy al mundo de mañana. Marc Augé menciona algunos ejemplos de estos lugares:
- Los espacios de circulación: autopistas, áreas de servicios en las gasolineras, aeropuertos, vías aéreas…
- Los espacios de consumo: super e hipermercados, cadenas hoteleras
- Los espacios de la comunicación: pantallas, cables, ondas con apariencia a veces inmateriales.
EL VÉRTIGO DE LA SOBREMODERNIDAD: “NO LUGARES”, ESPACIOS PÚBLICOS Y FIGURAS DEL ANONIMATO (Adolfo Vásquez Rocca)
Todos, también, hemos estado solos en algún aeropuerto, en ese terminal de una red inmensa e indeterminada de flujos que se mueven y se mezclan en todas direcciones, en esa situación de tránsito tan propio de los no-lugares, se experimentan ciertos estados de gracia posmodernos como el del viaje, cuando en lugar de estar nos deslizamos, transcurrimos, sin afincar nuestra identidad ni tener que comprometernos más allá de dos horas. Aquí, en estos nuevos espacios de indefinición, donde el tiempo se extiende como goma de mascar advienen nuevas y extrañas enfermedades como las cronopatías –derivadas del abrupto cambio de husos horarios no asimilables a los ciclos biológicos. Este extraño personaje, el viajero, nunca está, ni nunca estuvo realmente en un sitio, sino que más bien se traslada, se desplaza, él mismo es sólo ese tránsito que efectúa y en el momento justo en que lo efectúa.
Curiosamente el pasajero de los no lugares sólo encuentra su identidad en el control aduanero. Mientras espera, obedece al mismo código que los demás, registra los mismos mensajes, responde a las mismas apelaciones. El espacio de no-lugar no crea ni identidad singular ni relación, sino soledad y similitud.
El título en castellano puede llamar a engaño y hacernos pensar que estamos ante una comedia romántica, “Amor sin escalas” no es el nombre más feliz para reemplazar a “Up in the air”, título que hace justicia a la historia que se nos narra.
Ryan Bingham (George Clooney) es un viajero consumado. Su trabajo lo mantiene en el aire más horas de las que está en tierra. Su espacio es el no-lugar (en un momento la compañía en la que viaja lo premia como pasajero VIP al haber alcanzado un millaje de vuelo extraordinario, y cuando el capitán se acerca a felicitarlo, conversa con él y le pregunta de dónde es, Ryan responde: “De acá, yo soy de acá”).
Sin compromisos afectivos, habiendo roto los lazos familiares y manteniendo relaciones ocasionales con las mujeres, Ryan es un viajero sin lastre, sin mochila, como el mismo suele aconsejar a quienes lo escuchan en sus múltiples conferencias. Su trabajo es un trabajo “sucio”, desagradable, ése que ninguna compañía quiere hacer, contarle a la gente que la empresa “ha decidido prescindir de sus servicios”, que han quedado afuera del sistema.
DENTRO y FUERA
La noticia debe ser dada como algo positivo, la nueva oportunidad (en un juego que de azaroso no tiene nada y en el cual el individuo, luego de años de trabajo y de esfuerzo, es arrojado a la calle), con supuesta chance de rehacerse y encontrarle un nuevo sentido a su vida.
Son épocas de despidos masivos y de condiciones laborales cuasi-infrahumanas (recordemos el caso de Telecom en Francia, donde una treintena de empleados se suicidó o intentó hacerlo`dadas- sus condiciones de trabajo). Épocas donde lo virtual tiene más peso que lo real y donde la persona pierde identidad.
VÍNCULOS
En un momento Ryan encuentra una mujer con la que parece que algo puede ser diferente y reestablece el vínculo con su familia cuando una de sus hermanas le pide que asista a su casamiento. (Es significativa y nada caprichosa la idea de que esta hermana le solicite que con una gigantografía de la foto de ella con Jim, su novio, saque fotos de ellos con los diversos fondos de las ciudades que él va visitando, ya que el dinero de la luna de miel lo están guardando para un emprendimiento).
Los vínculos parecen afianzarse, pero las cosas no son fáciles. A Ryan también le han puesto de prepo a una especie de nerd, una chica que se acercó a su compañía con una idea renovadora, despedir a la gente de manera virtual, dialogando a través de una computadora. Las razones esgrimidas, bajar costos. Ryan, cuya vida es un viaje permanente, toma la noticia con desagrado. Él necesita seguir viajando. La virtualidad lo dejaría en tierra, sin posibilidades de volar. O sea, sin posibilidades de vivir (o con el riesgo de tener que enfrentarse con el mundo real).
No estamos ante una comedia, más bien ante una película que con humor sardónico dibuja el panorama de las relaciones y los vínculos hoy día. Nada complaciente (el final poco consolador así nos lo dice), “Amor sin escalas” propone, con mirada entre cómplice y distante, el retrato de un mundo en descomposición.
Sergio Zadunaisky