Wednesday, October 22, 2008

Planeta misantropía

Acabo de llegar del cine. Fui con mucha emoción, cargado de ganas por ver una nueva de los hermanos Coen. La última estrenada en la Argentina, “Sin lugar para los débiles”, me había gustado mucho. Sabía de antemano que “Burning after reading” no era más que una película ligera, un entretenimiento coeniano de eos que se disfrutan como un buen trago en una playa soleada. Me senté en la butaca y ante la primera aparición de los títulos y la música del siempre fiel Carter Burwell, mi corazón comenzó a latir como si fuese el de un adolescente en su primera cita. Y eso que a los Coen ya los vengo siguiendo desde su ópera prima, “Simplemente sangre” (1984), vista en el desaparecido cine Belgrano, de Cabildo y Juramento, en Belgrano. En esa primera película, una mezcla de comedia de enredos con el film noir, los hermanos comenzarían trazando un rumbo que sigue hasta nuestros días. Mostrarnos cómo la codicia y el dinero puede llevarnos a límites insospechados. El camino siguió con otros títulos como Educando a Arizona y Fargo. Los Coen disfrutan de poner a sus personajes, presas patéticas de sus ambiciones y deseos, en situaciones ridídulas, absurdas, esperpénticas.

En Quémese después de leerse no falta ningún tópico coeniano. Está la mujer vulgar (Frances Mc Dormand) que solo desea dinero para operarse y “reinventarse” como persona. Está el derrotado Osbourne Cox (Jhn Malkovich), que no conoce otro camino que el de la bajada sin retorno. El tonto de Chad (Brad Pitt), que trata de sacar partido de una situación que claramente lo excede. Y la lista continúa. Hasta el Servicio de Inteligencia se ve superado por la zonceras y vueltas de tuerca desopilantes de una trama que va ganando fuerza a medida que el metraje de la película avanza.

Sin llegar al nivel de películas como “De paseo a la muerte” y “El gran Lebowski”, “Quémse después de leer” no desentona con una filmografía que ha desplegado con mayor o menor fortuna ciertos temas que a los Coen les gusta tocar (el errático rumbo de la sociedad norteamericana, el patetismo de algunos personajes, desplazados y fuera de un sistema que los margina, la desproporcionada ambición que lleva a catástrofes personales (que incluyen, a veces, una muerte inesperada y absurda), el azar que juega en contra y escribe en la frente de cada uno de los personajes: “Si algo puede salir mal, va  a salir peor”.
Lo que me pasó viendo esta película, es algo parecido al comentario de una amiga que había visto “Lutherapia”, lo último de Les Luthiers, “sí, me gustó, pero no me sorprendió”.

Posted by in 03:13:03
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