Planeta misantropía
En Quémese después de leerse no falta ningún tópico coeniano. Está la mujer vulgar (Frances Mc Dormand) que solo desea dinero para operarse y “reinventarse” como persona. Está el derrotado Osbourne Cox (Jhn Malkovich), que no conoce otro camino que el de la bajada sin retorno. El tonto de Chad (Brad Pitt), que trata de sacar partido de una situación que claramente lo excede. Y la lista continúa. Hasta el Servicio de Inteligencia se ve superado por la zonceras y vueltas de tuerca desopilantes de una trama que va ganando fuerza a medida que el metraje de la película avanza.
Sin llegar al nivel de películas como “De paseo a la muerte” y “El gran Lebowski”, “Quémse después de leer” no desentona con una filmografía que ha desplegado con mayor o menor fortuna ciertos temas que a los Coen les gusta tocar (el errático rumbo de la sociedad norteamericana, el patetismo de algunos personajes, desplazados y fuera de un sistema que los margina, la desproporcionada ambición que lleva a catástrofes personales (que incluyen, a veces, una muerte inesperada y absurda), el azar que juega en contra y escribe en la frente de cada uno de los personajes: “Si algo puede salir mal, va a salir peor”.
Lo que me pasó viendo esta película, es algo parecido al comentario de una amiga que había visto “Lutherapia”, lo último de Les Luthiers, “sí, me gustó, pero no me sorprendió”.