LA REINA es una película que se deja ver solo porque la mano hábil de Stephen Frears se ocupa de llevar adelante la radiografía de una familia real aburrida y sosa imprimiéndole algo de interés y porque Helen Mirren (segura ganadora de un Oscar en pocos minutos) compone su personaje con sutileza e intensidad. La historia se centra en la conmoción y el escándalo que se produjo con la muerte (¿accidental?) de la descastada Lady Di. La familia real carecía de los reflejos necesarios como para acompañar a una opinión pública que requería una respuesta inmediata ante los hechos.

 

La reina trató de mantener una postura fría y distanciada y solo en contadísimas ocasiones (la escena del ciervo es una de ellas) parecerá quebrarse y mostrarse como un ser humano y no como una figura más tiesa que la que la representa en el museo Madame Tussaud. El recién nombrado Primer Ministro Tony Blair fue el principal beneficiado porque supo entender hacia dónde soplaba el viento e interpretar las demandas de la gente. Y fue él el encargado de tomar las riendas y guiar a la reina por el camino correcto y así mantener el amor de sus súbditos por ella.

No sé si la historia que refleja la película es real o no ( y no es un juego de palabras), pero sí sé que la película arranca con una mirada crítica a la realeza para terminar reivindicándola. Después de todo Frears es un miembro más del reino británico y su otrora miráda crítica al sistema no aparece aquí como en ROPA LIMPIA, NEGOCIOS SUCIOS (1985) o SAMMY Y ROSIE VAN A LA CAMA (1987). Quizás sea porque la familia real, anacrónica y  (lujosamente) polvorienta, está fuera del sistema desde hace mucho tiempo.

Un film medianamente interesante que por suerte no dura más de una hora y media, cosa que hoy en día es un componente más que suficiente para tomar en cuenta a la hora de elegir ir al cine a ver una película.

Sergio Zadunaisky