El agua y el aceite
Feb 07
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Cada vez que el cine norteamericano, sobre todo el producido en Hollywood, se propone hacer un filme comprometido, duro y jugado, salvo honrosas excepciones, termina pifiándola de manera grosera. DIAMANTE DE SANGRE (Blood diamond) es un nuevo intento que cae en esta línea. Estamos en Sierra Leona en el año 1999, el tráfico de diamantes está a la orden del día y una guerra tribal y política se cobra cada vez más víctimas inocentes, llevando a los chicos a manejar armas y a matar gente como si de un videogame se tratara.
Los personajes principales son tres: Danny Archer (Leonardo DiCaprio) es un sudafricano que vive en Sierra Leona y trafica diamantes. Este cínico y pragmático muchacho conoce a todos los participantes de la operación, desde los campesinos que usan su ganado para transportar la preciada mercadería, hasta los peces más gordos, inescrupulosos empresarios europeos que hacen sus negocios sin importarles nada más que la plata que puedan ganar. Solomon Vandy (Djimon Hounsou) , un nativo al que separaon de su familia y está obligado a buscar diamantes en la cuenca de los ríos para el autodenominado Frente Unido Revolucionario (F.U.R), y así conseguir más dinero que permita a sus captores derribar al gobierno de turno y tomar el poder. Completando el triángulo nos encontramos con la bella Jennifer Connelly, quien interpreta a Maddy Bowen, una periodista de buena conciencia que busca el reportaje de su vida, aunque no confía demasiado en que su nota vaya a cambiar algo para mejor.

Si la película fuese una más de acción y aventuras, no pasaría de ser un producto entretenido, con escenas de acción filmadas con un gran despliegue de producción y mucho nervio. Pero, pero, cuando la intención es agregarle a la historia una bajada de línea políticamente correcta, transmitiendo un “mensaje” a los espectadores, es cuando se embarra el asunto. Y la cosa se pone fea y “antinatural”. Es cierto que muchas de las cosas que dice y denuncia DIAMANTE DE SANGRE son ciertas e inapelables. El problema está en el Cómo hace para querer manifestarlas y a qué resultados llega. Por un lado, los primeros minutos de la película son fuertes, con escenas realmente crudas (demasiado para mi gusto, ya les explicaré por qué) y sanguinarias. El F.U.R. no escatima en masacrar poblaciones enteras, exceptuando a los chicos, que son reclutados para ser adoctrinados y formados como soldados y a los adultos fuertes, que serán tomados para trabajar en la búsqueda de los diamantes. El ejército del gobierno no le va en zaga, matando también a gente de la población civil, so pretexto de que puedan formar parte de la fracción enemiga o simplemente eliminándolos en cualquier enfrentamiento abierto en las calles de las ciudades. En este contexto, cada uno de los personajes arriba mencionados tratará de cumplir su objetivo. Archer, encontrar un diamante rosa que Solomon astutamente ocultó antes de caer en las garras del F.U.R. y así escapar del infierno y cambiar de vida, Solomon reencontrarse con su familia y Maddy, lograr hacer su nota reuniendo la mayor cantidad de información posible, para hacer caer a los que negocian diamantes con la sangre africana.

Pero todo es demasiado superficial y muchas cosas que se dicen son frases que en el contexto y por cómo están expresadas suenan apenas como un mal chiste (Connelly, al ver un extenso campamento de refugiados expresa “esto ocuparía apenas un minuto en CNN, entre el informe del tiempo y una nota de deportes”). El cine de la gran industria norteamericana sigue mirando con condescencia y falta de rigor a los países del Tercer Mundo. Concordando con su política en asuntos exteriores, la mirada es parcial y oportunista, demagógica (ver esto sobre todo en la última escena del filme, que por pudor no me atrevo a describir) y esquemática. Se notan las “buenas intenciones” (hasta parece que Leonardo DiCaprio se conmovió en serio cuando estuvo en el continente africano), pero muchachos, si nos quieren ayudar, por favor no sigan filmando esta clase de películas.
Les quiero explicar por qué me pareció demasiado cruda la exposición de muertos en matanzas y fusilamientos, la mutilación, las imágenes de los chicos disparando a mansalva con sus ametralladoras y otras barbaridades. Por supuesto que existen este tipo de cosas y otras mucho más terribles también. Lo que me molestó es que esa realidad mostrada de manera tan elocuente, no se equiparara al resto de lo que se muestra, una historia que termina siendo almibarada, inverosímil (ver la mágica transformación delpersonaje de Di Caprio) y engañosa (Estados Unidos casi no interviene dentro de lo que se cuenta y todo queda supeditado a personajes malvados africanos o europeos).
En resumidas cuentas, mucha sangre y poca sustancia. Vayan a ver CARTAS DESDE IWO JIMA y allí verán cómo un norteamericano puede contar una historia sobre el “bando de enfrente” con lirismo y dosis de riesgo, recurriendo a las mejores armas del cine clásico Hollywoodense para hacerlo.
Para rescatar, la música y la fotografía de la película, así como algunos momentos de acción pura y algunos de humor genuino.
Link a una crítica uruguaya con la que coincido: http://www.cartelera.com.uy/pelicula.php?id=1382
Sergio Zadunaisky
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