Sunday, December 3, 2006

Con toda la Furia

Ayer a la noche vi en dvd una película de Fritz Lang, ese gran director alemán creador de, entre otras películas, Metrópolis (1926), M el vampiro (1931), La mujer del cuadro (1944) y Los sobornados (1953). Su título es Furia (Fury, 1936) y trabajan Spencer Tracy y Sylvia Sydney (la misma actriz que años después haría de viejecita risueña en Mars attacks! de Tim Burton). La historia cuenta la vida de Katherine y Joe, dos ciudadanos comunes y corrientes que se aman pero que por motivos de trabajo deben estar alejados por un tiempo. Él esta desocupado y ella consigue un trabajo en otro pueblo.

 

Cuando él, pasado un año, decide ir a verla, es interceptado en la ruta por un policía que se lo lleva detenido a una comisaría. Allí Joe, como uno de los falsos culpables de un film de Hitchcock, será declarado virtualmente responsable del rapto de una nena y encerrado en la cárcel hasta que se compruebe su culpabilidad en el hecho. Los habitantes del pueblo, enterados de la detención, comienzan a hacerse eco de rumores aparecidos de la nada, llegando a la conclusión de que Joe es culpable y que debe ser linchado por ello. El sheriff intentará detenerlos y pedirá a la Guardia Nacional que se haga presente, los políticos tratarán de aprovechar el incidente para su propio beneficio y la prensa estará allí para mostrarlo todo. La multitud enfervorizada quemará la cárcel y con dinamita hará volarla por los aires, con Joe adentro. Katherine, enterada del hecho, intentará salvarlo infructuosamente.

No contaré cómo sigue y termina esta historia que a setenta años de su realización se mantiene plenamente en vigencia, resaltando los valores jurídicos por sobre los intereses personales y la justicia por mano propia, el papel de  la justicia y los medios y, en el orden moral, la batalla del hombre por no dejarse vencer por sus instintos y sus deseos de venganza. Muy recomendable.

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Saturday, December 2, 2006

¿La magia continúa?

Detrás de todo gran mago hay secretos inconfesables. Robert (Hugh Jackman) y Alfred (Christian Bale) son dos amigos que trabajan como ayudantes/cómplices de un mago, haciéndose pasar por voluntarios en sus shows. Hasta que un error involuntario (o mera negligencia) de uno de ellos los coloca frente a frente, convirtiéndolos en furiosos enemigos que no se darán tregua hasta el fin de sus días.

Como en la novela de Jospeh Conrad o en el film de Ridley Scott del mismo título: Los duelistas, dos hombres encuentran en la afrenta personal un motivo, una razón para vivir. Dos caras de una misma moneda, la del odio y la venganza.

De este duelo interminable habrá testigos por supuesto, y algunos se involucrarán en la lucha. La palabra trampa aparecerá varias veces, ya sea como una forma de estos magos de engañar a su audiencia o como una manera de hacer fracasar al otro en uno de sus trucos. El personaje encarnado por Michael Caine (llamado el “ingeniero”) será uno de los encargados de elaborar y poner en funcionamiento los engranajes que permitirán al mago llevar a buen puerto su truco.

En comparación a El ilusionista, otra película sobre magia que continúa en cartelera, El gran truco se ofrece como una película con más variantes temáticas. Cuestiones como la del doble, la relación a veces cercana y poco discernible entre magia y ciencia (entre cine y magia también, asunto sí compartido con la otra película citada), la búsqueda del honor y el reconocimiento a costa de ese mismo honor adquirido, hacen que el filme luzca como interesante. Pero un guión casi de telenovela, con demasiadas repeticiones sobre lo mismo y un elenco desaprovechado en su mayoría, hacen que uno caiga en el tedio, la apatía y el desencanto. Una verdadera lástima. Una película para ir a ver solamente si no hay nada mejor qué hacer.

Sergio Zadunaisky

 

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