Habla el director de Gracias por fumar

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El joven director Jason Reitman es el hijo del también director Ivan Reitman (Mi super ex-novia, Junior, El regalo prometido). Luego de realizar varios cortometrajes y trabajar en publicidad se acercó al terreno del largometraje con Gracias por Fumar, basado en un libro de Christopher Buckley. Aquí, les transcribo sus palabras acerca de su esperiencia en este rodaje.

Me di a la tarea de pensar en una declaración inicial que reflejara mi sentir con respecto a la producción de GRACIAS POR FUMAR. Quizás y estaba abrumado, pero no se me ocurría nada profundo -ciertamente nada después de haber leído el artículo de Buckley en el que habla de la creación de Nick Naylor. Digo, carajo, ¿cómo se supone que pueda escribir algo después de eso? En cambio, he decidido presentarles cinco momentos en la realización de esta película que nunca olvidaré.

1.   El momento en el que descubrí el libro.

Estaba parado en la sala de la casa de una amiga. El libro era un regalo de una mujer de 1.80 m de estatura, con un título de la Universidad de Yale. Abrí el libro y leí la primera oración-

“A Nick Naylor le habían llamado de muchas maneras desde que se convirtió en portavoz en jefe de la Academia de Estudios del Tabaco, pero hasta ahora nadie lo había comparado con Satán”.

Se dice que cuando una mujer conoce a su futuro esposo por primera vez, puede ver toda su vida juntos -el amor, el matrimonio, los hijos, todo el panorama. Esa es la única forma en la que puedo describir la primera vez que leí esa oración. Vi a Nick vociferando palabras como una ametralladora. Lo vi bateando un cuadrangular en la parte baja de la novena entrada. Lo vi ofreciéndole una luz al mundo envuelto en la bandera estadounidense. Fue amor a primera vista.

2.   Una llamada desde muy arriba.

Después de rogar para que me permitieran escribir el primer acto sin recibir remuneración económica alguna, Icon Productions, compañía productora de Mel Gibson, me contrató para intentar adaptar GRACIAS POR FUMAR. Me pagaron lo menos que se puede cobrar por este tipo de trabajo. Claro, me pudieron no haber pagado. Les entregué mi tratamiento y no recibí nota alguna. Nada. Esto podía parecer como algo bueno, pero lo que realmente significa es que no saben qué hacer con él.

Un día, mi teléfono móvil sonó. Es Mel. Me estaba llamado desde su avión. Me dice lo mucho que disfrutó mi tratamiento. Después se pone a hablar aproximadamente veinte minutos de las ventajas del cine digital. Me dice cuán emocionado está de hacer mi película. Nunca volví a hablar con él.

3.   Conocí a mi caballero blanco.

Antes de conocer a David Sacks, sabía dos cosas de él. Que orquestó la venta de su compañía PayPal en $1.5 billones de dólares a e-Bay…y que le encantó mi guión. Fui a conocerlo a su nueva residencia en las montañas. Había comprado la casa que apareció en la película Pulp Fiction, pero todavía no compraba muebles. Sólo para que se den una idea, después de llegar a Los Ángeles, salió a comprar un guión antes de comprar una cama.

Nos sentamos en un par de sillas plegables frente a un piscina sin orilla que tenía vistas desde el centro de la ciudad hasta el océano pacífico. Más o menos a la mitad de nuestro encuentro, empezó a arrancarle a sus zapatos la goma suelta. Le hice algún comentario con respecto a que podía utilizar algo de su recién encontrada fortuna para que fuera a Rodeo Drive y se comprara un nuevo par de zapatos. Me miró y me dijo, “Oye, lo que ves es lo que es”. 

4.   Comida con Sam

A mitad del proceso de casting, me enteré que Sam Elliott estaba dispuesto a sentarse y platicar conmigo en relación al personaje de Lorne Lutch. Le había escrito una carta donde le expresaba mi admiración por su trabajo y mi pasión para que él asumiera el papel. Básicamente escribí que nunca podría estar contento con la película a sabiendas de que otro actor iba a estar en su papel.

Fui a platicar con él en Malibú en medio de las lluvias torrenciales de finales de 2004. El techo de su vecino se había desmoronado a media noche y desde entonces se la había pasado arreglándolo. Es lo más cercano al vaquero noble que he conocido en mi vida. Es Shane (Personaje principal de la película “Shane” (1953) , de George Stevens, interpretado por Alan Ladd).

Durante casi tres horas debatimos si su personaje debía o no tomar el dinero. A poco estuve de encarnar el papel de Nick Naylor, una vez que intenté convencerlo de que lo hiciera. Después de un rato, concordamos en que su personaje debía ser sobornado, como lo establecía el escrito. Con una estipulación. En vez de que Lorne cargara con una escopeta, como venía descrito en el libro, prefirió que el personaje llevara un rifle. Perfecto. 

Llegamos al día del rodaje y ya se me había olvidado completamente la elección de las armas de fuego. Estoy desayunando, cuando me dicen que utilería me quiere ver para que elija el arma. Llego al camión de utilería y el encargado está parado encima de dos escopetas y un rifle. Gracias a Dios. Resulta que Sam también está ahí. Toma el rifle.

Le pregunté, “¿Te viene bien?”

Responde, “Claro”.

Continué, “¿Quieres que te muestren cómo funciona?”.

Me lanza una mirada y después dice “Por supuesto que no. Es mío”.

5.   Realización tipo guerrilla en la capital de nuestro país.

Dirigir comerciales me ha brindado la oportunidad de filmar por todo el mundo. He rodado en los suburbios de Londres, los callejones traseros de Capetown y un pueblo minero fantasma en la zona rural de México, con un teléfono. Sin embargo, nada se le asemeja a filmar después del 11 de septiembre en la capital del país.

En un momento dado, durante nuestra búsqueda de locaciones, vi un edificio que me gustó para realizar tomas exteriores de lo que sería la Academia de Estudios del Tabaco. En contra de los deseos de mi gerente de locaciones, hice que la camioneta en la que viajábamos se detuviera abruptamente. Nos bajamos y comenzamos a tomar fotografías. Estábamos a punto de retirarnos cuando seis hombres con chalecos blindados rodearon nuestro automóvil y comenzaron a cuestionarnos. Un hombre en un abrigo color caqui tomó a nuestro gerente de locaciones a un lado y lo comenzó a reprender violentamente.

El edificio era el Departamento de Energía. Son como mi tío Barry. No les gusta ser fotografiados sin que se lo pidas antes. Dicho esto, terminamos filmando ahí. De hecho, el Departamento se convirtió en la Academia del Tabaco con un uso ingenioso de gráficas por computadora para rehacer el símbolo que se encontraba en su fachada. Si ves detenidamente la escena cuando Nick entra al edificio después de regresar de Winston-Salem, verás a una mujer joven con un saco azul que cruza frente a la cámara. Lo que pasa es que el hombre en el abrigo caqui era jefe de seguridad para el Departamento de Energía. Y su hija quiere ser actriz.

Crítica de cine: Gracias por fumar

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 GRACIAS POR FUMAR (Jason Reitman)

Discursos y palabras

Que el fumar es perjudicial para la salud es a esta altura de las circunstancias una verdad de Perogrullo. Pero… ¿quién instaló esta idea? ¿Con qué conocimiento y autoridad? ¿Quién dijo que si fumo me voy a morir antes de tiempo? Palabras más o menos similares a éstas se escuchan de la boca de Nick Naylor (Aaron Eckhart) en “Gracias por fumar”, la opera prima de Jason Reitman.

Nick es realmente un anti-héroe, un lobbysta que defiende a las tabacaleras en ámbitos públicos y privados contra detractores y “enemigos del cigarrillo”. Un tipo que con su mejor sonrisa y cara de ángel da vuelta discursos y teorías científicas volviéndolas en contra de su emisor. Lo que se dice un mal bicho. Los personajes que aparecen a su alrededor tampoco parecen ser mucho mejores. Hay, entre otros, un senador oportunista que busca desbancar a las tabacaleras en beneficio propio (William H. Macy), una periodista capaz de acostarse con sus entrevistados con tal de sacarles confesiones “off the record” que luego verán la luz (Katie Holmes), un ejecutivo de Hollywood que a cambio de unos dólares hará que nuevamente fumar en la gran pantalla no sea un pecado y hasta el célebre vaquero de los avisos de Marlboro tentado para no confesar públicamente su enfermedad provocada por el tabaco (Sam Elliott).

Esta sátira va más allá del tema del uso del cigarrillo en la vida cotidiana de las personas y busca apuntar a diferentes moldes y discursos a los que apelamos cuando necesitamos defender o criticar tal o cual idea. Hasta el discurso de Nick puede parecernos en un momento bastante lógico y atendible. Reitman apunta lógicamente a esto. ¿Acaso Hitchcock no decía que a los malvados tenían que  ser simpáticos y entradores para que sus víctimas no desconfiaran de él? La historia también coloca un personaje clave, el pequeño hijo de Nick, que en diferentes momentos presencia el accionar de su padre, “aprendiendo” de él. Nick está convencido de lo que hace, o por lo menos lo justifica porque “hay que pagar la hipoteca”. La búsqueda por parte del director de situarnos del lado de un personaje tan siniestro (y tan humano al mismo tiempo) logra el efecto de incomodarnos y molestar nuestras conciencias.

En general las sátiras americanas no me convencen por su trazo grueso o sus ideas no del todo claras. Hace unos años “Mentiras que matan”, una película con guión de David Mamet logró atraparme e incluso gustar. Gracias por fumar es un tanto despareja, pero vale la pena acercarse para utilizarla como disparador y reflexionar sobre los discursos que armamos o escuchamos día tras día en diferentes ámbitos de nuestra vida.

Sergio Zadunaisky