Mis diez películas favoritas

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Este es un juego que me gusta mucho. La idea es proponer 10 películas que por motivos afectivos quedaron marcadas en tu vida. Nada de cinefilia ni propuestas estéticas, ni grandes “obras maestras del 7mo. Arte”, sino el cine como parte de la vida de uno. Aquella película que fuiste a ver con tu primera novia, esa que fuiste a ver tres o cuatro veces hasta que te la aprendiste de memoria, o aquella otra en la que te enamoraste del actor o la actriz principal y luego te viste TODAS sus películas, aunque fuesen bodrios infernales. Y estoy convencido de que hay películas que pueden aparecerte ahora y si hubieses contestado a esta encuesta mañana mismo no hubiesen aparecido. La memoria y nuestro presente nos harán recordar tal o cual película y dejar otras tan ó más queridas en el camino. Aunque también habrá de las “inamovibles” esas que aunque te peguen tanto como al personaje de la película “El hombre sin pasado” (Aki Kaurismaki) y no recuerdes nada, vas a rescatar del pantano blanco del olvido.

Las 10 mías de este 21 de septiembre a las 23.15 de la noche son las sigueintes:

El joven Frankenstein (Mel Brooks, 1974)

Esta película que vi siendo chico en el desaparecido cine Lido de la avenida Cabildo, en el barrio de Belgrano, es junto con La fiesta inolvidable, una de las películas que más gracia me causan. Gene Wilder como el nieto del Dr. Frankenstein y Marty Feldman como Ygor están realmenet impagables. No olvidar la breve pero jugosa aparición de Gene Hackman como el ciego que recibe amablemente al monstruo en su casa, quemándolo con fuego y agua hirviendo.

Terciopelo azul (David Lynch, 1986)

Esta película también la vi en una sala hoy desaparecida: Hebraica. Salí del cine tan conmocionado y feliz, que aquella sensación aun perdura hasta hoy.

Poster polaco del filme de Lynch

El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962)

Qué película, por favor. Junto a “Él” es de mis filmes favoritos del aragonés. A veces la pongo en el dvd sin verla, solo para escuchar sus diálogos insólitos, irrespetuosos,  delirantes. La odisea de un grupo de burgueses encerrados en un espacio plagado de clichés y convenciones de clase, se convierte pronto en un campo de batalla donde la condición humana muestra su rostro más despiadado y cruel.

El fierecillo domado (Franco Castellano, Giuseppe Moccia, 1980)

Ornella Muti, solo la recuerdo a ella. Vista también en el Lido (quizás hasta en doble programa con la arriba citada El joven Frankenstein), no recuerdo de qué se trataba la película, ni si era divertida o no. Qué importaba si era la bella actriz italiana la que estaba allí. 

Terminator (James Cameron, 1984)

La fui a ver un domingo al cine General Paz y al día siguiente lo arrastré a mi viejo para que la viéramos juntos. Esta película me impactó mucho y junto a Drácula (Francis Coppola, 1992) y Underground (Emir Kusturika, 1995) (seguramente me olvido otras) es de las películas que más veces vi en el cine en un poco espacio de tiempo.

El robot visto por los artistas polacos

La espigadora y los espigadores (Agnes Varda, 2000)

LA vi en el BAFICI (Festival de cine de Buenos Aires) en el año 2000. Me gustó tanto, que no paré hasta conseguirme una copia en dvd (no está editada en la Argentina). Hace un par de días, conseguí finalmente “Dos años después”, una especie de continuación, en donde la directora de origen belga analiza las repercusiones del primer filme y entrevista a algunos de los “personajes” que parecieron en él. La mirada de Vardá sobre lo cotidiano es poética y denuncia un estado de exceso en la sociedad de consumo con una mirada personal y para nada narcisista. Una(dos) película(s) necesaria(s).

Deprisa, deprisa (Carlos Saura, 1981)

Saura no es de mis directores predilectos, pero esta película que vi en ”Función Privada”, un antiguo ciclo televisivo conducido por Morelli & Berrutti, me dejó una huella imborrable en la memoria. La música (que tardé varios años en conseguir, insólitamente en la Argentina, luego de haberla buscado infructuosamente en España) me parece una de las bandas de sonido más hermosamente tristes de la historia del cine.

The Truman show (Peter Weir, 1998)

Siempre que dan esta película en cable me quedo mirándola. La historia en donde un anti héroe típico del cine de Weir decide dejar el mundo en el que vive para iniciar su vida en otro (recordar, por ejemplo, La costa mosquito del mismo realizador) me conmueve siempre como si estuviese presenciándola por vez primera. Más allá de algunos lugares comunes y ciertos momentos Hollywoodenses, The Truman Show me conmueve por su personaje principal (cómo lo detestaba a Jim Carrey antes de esta película), envuelto en una epopeya de reminiscencias orwellianas que cada día se acerca más a nuestro mundo real. 

El ocaso de una vida (Billy Wilder, 1950)

Esta sí que es una obra maestra del cine. No me canso de verla ni recomendarla. Billy Wilder también tiene otros filmes que entrarían en este ránking (Pacto de sangre, de 1944 y Una Eva y dos adanes, de 1959). Pero hoy me salió ésta. La escena de la llegada de Joe (William Holden) a la fantasmagórica mansión de Norma Desmond (Gloria Swanson) es uno de los momentos más escalofriantes del cine. Película para tener en nustra videoteca para siempre.

Después de hora (Martin Scorsese, 1986)

Arriba, el poster polaco de la película de Scorsese

Scorsese me gusta mucho. Buenos muchachos y La última tentación de Cristo también podrían integrarse a esta lista. Pero Después de hora, una película hecha por encargo y para ganar algo de dinero, condensa el espíritu del mejor cine del italo-americano. Un film donde lo mejor de Beckett y Kafka se dan la mano. 

Apostilla

Acabo de cotejar esta lista con una que armé hace unos años, y aparecen algunos filmes repetidos (Terciopelo Azul, Deprisa, Deprisa) y algunos nuevos que antes no estaban (la de Ornella Mutti y El joven Frankenstein, por ejemplo).

Me gustaría que me enviasen sus filmes predilectos. Ya saben, valen desde las de Tiburón, Delfín y Mojarrita hasta una de Orson Welles, el tema es que el recuerdo esté atravesado por lo afectivo-emocional más que lo cerebral.

Sergio

Curso de cine sobre Luis Buñuel

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“Entre Dios y el Deseo, el cine de Luis Buñuel”

Curso dictado por Sergio Zadunaisky

El Centro Cultural La Ronda te invita a su curso de cine sobre Luis Buñuel, dedicado a analizar la vida y la obra de uno de los grandes maestros del cine.

El programa consta de cuatro encuentros en los cuales se analizarán sus films más relevantes.  Se entregará también material escrito con textos de diferentes autores que estudiaron su obra y citas destacadas de Salvador Dalí, Jean Claude Carriere (co-guionista de varias de sus películas), el actor Fernando Rey y del propio Luis Buñuel, entre otros.

Inicio: Miércoles 04 de octubre a las 20 horas.

Programa del curso

Clase 1

Infancia y formación de Luis Buñuel. Los jesuitas. La Residencia de Estudiantes. Lorca,  Alberti y la “Generación del 27″. Relación con Salvador Dalí y los surrealistas.

Films citados: El perro andaluz. La edad de oro. Tierra sin pan.

Clase 2

La etapa mexicana, entre el melodrama, el psicoanálisis y el surrealismo. Componentes básicos del melodrama en México: análisis de María Candelaria, del Indio Fernández. Filmar y subvertir los géneros. El retrato impiadoso de la humanidad: pobres y burgueses bajo el mismo yugo. Paranoia y represión sexual.

Films citados: Los olvidados. Susana. Él. Ensayo de un crimen. El ángel exterminador. Film extra: María Candelaria, del Indio Fernández

Clase 3

Religión versus fantasía. La inutilidad de la caridad cristiana. El erotismo y el fetichismo en los personajes de Buñuel. Las reflexiones sobre el dominio y la servidumbre humanas.

Films citados: Nazarín. Simón del desierto. Viridiana. Belle de jour.

Clase 4

La implacable lógica onírica del surrealismo. La vida social burguesa como un espectáculo singular. El fantasma de la censura. El azar como rector de la vida. Un provocador nato hasta el último aliento.

Films citados: El discreto encanto de la burguesía. El fantasma de la libertad. Ese oscuro objeto del deseo.

Este taller se dictará en La Ronda, Viamonte 1730 PB “1″,

Informes e inscripción:

e-mail: info@cafepsicologico.com / zadunuevo@fibertel.com.ar

Teléfonos.: 4863-8523 / 4372-0347 / 154178 2080.

Web:   http://www.cafepsicologico.com/

http://www.dalecine.blogargentina.com/

Estrenos del jueves 21 de septiembre

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Hola gente, este es un texto muy ameno y orientativo de mi amigo, el crítico de cine Javier Luzi, comentando los estrenos de esta semana.

Estrenos de la semana

Fácticamente los avatares de la distribución y de la exhibición hacen que determinadas películas y no otras se crucen cada semana en las pantallas locales. Algo de ese azar inasible procura asomarse en las líneas que siguen y que develan algunos posibles lazos de unión inesperados en la trama de los estrenos.

El regreso y la violencia cruzan las cinco novedades. El protagonista de Agua (Verónica Chen), nadador profesional, vuelve por la revancha, y en procura de limpiar su nombre, al pueblo del que huyó acusado injustamente de un doping en una carrera. Entonces se cruzará con el pasado que continuó su curso (familia, amigos, vecinos) y con el presente representado en un joven retraído que sigue sus pasos y necesita reafirmarse. Velocidad y resistencia en pugna. Con bellísimas tomas acuáticas y un ritmo que requiere tiempo para asomar la cabeza, entre brazada y brazada, y acceder al mundo terrestre.

Otro que vuelve es Peter, o Pedro, de El regreso de Peter Cascada (Néstor Montalbano), en la nueva y disparatada comedia dramática del director de Soy tu aventura y del programa de culto Todo por dos pesos. Con más drama que absurdo, una forma de filmar y contar buscadamente demodé, y muchas canciones, se desarrolla esta historia de un cantante que viene de Miami para un recital por el centenario de su pueblo natal y encontrará que hay demasiadas puntas sueltas en el ovillo de su vida. Excelente Nahuel Pérez Bizcayart y el final filial e inolvidables algunos personajes secundarios. 

Si la violencia en ambas producciones argentinas luce contenida o explícitamente parental, explota en Dear Wendy (Thomas Vinterberg) la alegoría sociopolítica sobre unos jóvenes que se reúnen en una especie de comunidad o logia para sobrellevar su freakedad y termina exponiendo los ancestrales miedos tribales yanquis. El film luce demasiado Von Trier (es guionista y productor) en sus escasas virtudes (escenografia, actuaciones) y en sus muchos defectos (puesta en escena, mensajes, intenciones). La simple idea de trasvasar cierto halo romántico de unos caballeros con espada a unos inmaduros con armas de fuego hace agua prontamente por no mencionar la rancia ideología que denotan las muertes filmadas en ralenti y con música de fondo, los absurdos, vacuos y simplistas planteos, la moralina barata o los básicos maniqueísmos.      

Violencia, real y simbólica, es lo que fluye en la hasta ahora última película-ensayo del maestro Godard, Nuestra música. Las guerras y la muerte como banda sonora del hombre de estos tiempos, vistas a través de la lente de un pensador conciente y sensible. Dividida en tres partes: Infierno (mezcla de retazos fílmicos y documentales en tensión permanente), Purgatorio (una conferencia literaria en Sarajevo) y Paraíso (una ironía donde el edén tiene alambrados y la guardia de marines), al igual que La Divina Comedia, la reflexión aguda sobre la maldad humana se entrecruza con un pensamiento sobre los procedimientos visuales, la técnica y el cine mismo, algo a lo que nos tiene acostumbrados el francés.

Y finalmente vuelve, aunque nunca se fue del todo, grandiosa -demostrando su capacidad de actuación con apenas un arquear de ceja-, pero en la comedia, que no es su fuerte, Meryl Streep como una editora feroz de una revista de moda que marca tendencia y que tendrá a maltraer a su nueva y principiante asistente que derrocha inocencia, sensibilidad, inteligencia y cero glamour en un mundo que se precia de todo lo contrario, en El diablo viste a la moda (David Frankel). Una comedia mordaz sobre las relaciones laborales, las imposiciones sociales y los gustos caros que tenía todo para constituirse en una crítica revulsiva de estos tiempos y se acomoda en la franja, tan en boga y tan cool, de películas de chicas modernas (El diario de Bridget Jones, al mejor estilo Sex and the City), con ansias de ser auténticas e independientes y que se “quiebran” ante un marido y un hogar. ¡Ay Hollywood y su manía de los finales felices!

Addenda a los estrenos

A partir de hoy, viernes 22 y sólo por 20 funciones, Lisandro Alonso estrena Fantasma en la sala Lugones del Teatro San Martín, después de su paso por la exclusiva Quincena de Realizadores del Festival de Cannes y antes del interminable recorrido por el circuito de cine mundial. Repitiendo la modalidad practicada con su anterior largometraje Los muertos y asegurando para sus filmes una exhibición alejada de las multisalas y complejos en shoppings y ofreciéndoles el cuidado y el tiempo que este tipo de producciones requiere. El programa incluye toda la filmografía del joven director (además de las citadas, su opera prima La libertad) cuya carrera, reconocida por la crítica nacional y extranjera, se ha plantado como un ovni en la cinematografía argentina.

Fantasma reúne a los protagonistas de sus dos anteriores películas: Argentino Vargas y Misael Saavedra perdidos en los pasillos y subsuelos, entre la utilería y los talleres del San Martín, sitio al que han llegado para asistir al estreno de Los muertos.

El extrañamiento que estos hombres parcos y retraídos sufren en la gran ciudad, o en su condensación a pequeña escala (ascensores que hablan, salones alfombrados, pantallas de cine), se refleja en el espectador que podrá encontrar durante 63 minutos un filme de largos planos secuencias, escasos diálogos, sonidos discordantes y música cuasi experimental.

Los largos pasillos y escaleras vacíos, la desolación y el desamparo, lo que se quiso ser y quedo a medio camino (el mismo teatro como decorado fastuoso y los restos de la fiesta que se ve en una escena), la experiencia novedosa que recupera algo del asombro primigenio de las primeras proyecciones, el desencuentro entre público y cine “arte” (en esa sala con sólo tres espectadores) todo confluye en cierta melancolía (hay algo del Tsai Ming-Liang de Goodbye Dragon Inn) que tiñe una posición que bien puede leerse como toda una poética de estos tiempos y una programática de un autor que dice sin jamás bajar línea.  

Si como señala Deleuze el cine moderno consiguió que los cuerpos destilaran tiempo y espacio, Fantasma es un claro ejemplo de tal tesis. Vemos fluir el tiempo en esos pasajes y lo sentimos tanto como las presencias que se encarnan. Fantasmáticas presencias, entonces, que se corporizan delante de nuestros ojos y a nuestro pesar. Ejemplos de esos miles que no vemos (o vemos igual que el acomodador a Vargas) pero están.

Alonso toma altos riesgos y pergeña hábilmente una película difícil y austera, con gran manejo de la técnica (altos puntos son la cámara y fotografía de Lucio Bonelli y el sonido por Catriel Vildosola) y devolviéndole al cine el valor de la imagen.         

                                                                                                     Javier Luzi