07/01/2007

El infierno de Dante

Desde hace unos días puede verse en la carteleras porteñas La noche del señor Lazarescu, filme que retrata las (últimas) horas de un desdichado ciudadano rumano en la Bucarest de hoy. Como en Después de hora, aquella gema que Martin Scorsese filmara en 1985, toda la acción transcurre en una sola y única noche. El protagonista de la película del italoamericano se cruza con la del rumano Cristi Puiu en los avatares que sufren sus protagonistas masculinos en Nueva York y en la capital ruamana, respectivamente. Claro que la travesía de Dante Remus Lazarescu es terminal y trágica.

Todo comienza una noche, como cualquier otra, en la el señor Lazarescu comienza a sentir unos dolores terribles en su estómago. Su soledad le impide recurrir a algún familiar, por lo que decide llamar al servicio de ambulancias del Estado para que lo vengan a buscar y le den algún remedio que calme su dolor. Luego de transcurridos unos treinta minutos, llega la ayuda requerida. Allí se inicia una travesía que lo llevará por diferentes hospitales en los que encontrará la desidia de algunos médicos, la falta de recursos humanos y técnicos y casi como único contrapeso, la solidaridad de una enfermera del servicio social. El director decide contar su historia respetando lo más posible el tiempo real de la acción, por lo que la sensación de agobio e impotencia crece hasta hacerse insoportable. La salud de Lazarescu se deteriora mientras a su alrededor nadie parece querer ayudarlo. La cámara, impasible, paerce un testigo más de los acontecimientos, en los que se cuelan retazos de la vida del propio protagonista y los personajes que se van cruzando en su camino.

La radiografía humana confeccionada por Puiu es implacable. No hay elementos accesorios o innecesarios. Los diálogos y las situaciones fluyen con naturalidad. Por momentos, asoman rasgos humorísticos, muchos de ellos macabros y tenebrosos, que oscurecen aun más la historia.

La noche... forma parte de un corpus de seis filmes en los que el director inetntará reflejar la realidad de Bucarest en este primer decenio del siglo XXI. Ecos del cine de los Dardenne y del francés Eric Rohmer aparecen en su puesta en escena.

Como si fuese el cuadro El grito, de Edvard Munch, pero en sordina, La noche del señor Lazarescu nos conecta con la triste realidad social y humana que forma parte de nuestras vidas. Sin dudas, un film de visión obligatoria.

Sergio Zadunaisky 

 

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